"Entre Líneas", de Ana Alejandre

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La literatura como medio para comprender el mundo

Ana Alejandre

Siempre se cree por los lectores en general que la literatura es una forma de simple expresión de las ideas de su autor que utiliza la metáfora que es toda historia narrada para expresar su propio ideario, dándole un armazón o esqueleto estructural que le sirva de soporte formal y lógico a la narración.

Sin embargo, la literatura, entendida como el conjunto universal de obras escritas de ficción que narran historias, no obedece sólo al deseo del escritor en cuestión de contar una historia que le interesa, le sorprende o le conmueve, y a la que le da forma en su imaginario y desarrolla después con su talento narrativo y sus recursos estilísticos, formales y estéticos, hasta ofrecérsela al lector en forma de libro.

Es algo mucho más complejo esa pulsión creativa de todo escritor, porque no escribe únicamente con el fin de narrar una historia, esté o no basada en hechos reales, sino que su origen viene desde lo más profundo de su psique y no es otro que la necesidad de entender esto que llamamos realidad, y utiliza como herramienta esa pequeña muestra o franja que sirve de argumento a la obra literaria, para poder entender así el mundo, las siempre complejas relaciones humanas, el misterio que representan la vida, la muerte, el paso del tiempo; o bien el amor y el desamor, la soledad, el bien y el mal que son, al fin y al cabo, los argumentos universales que aparecen en toda obra literaria de una forma u otra.

La obra literaria, pues, toma así una dimensión nueva: la de servir de experimentación para el escritor que, a través del proceso de escritura, va intentando responderse a todas las incógnitas que esos temas universales antes referidos van sugiriendo, o renovándose, a lo largo de las generaciones, como si de misterios insondables se tratara a los que parece que nunca se encontrarán respuestas válidas pero siempre necesarias.

A pesar de ello, todo escritor aspira a crear una obra maestra que contenga las claves que permitan descifrar esos enigmas que son inherentes a la humanidad y que, a pesar del cambio de épocas, generaciones, costumbres y modas, siguen estando vigentes como un reto perpetuo al que todo escritor aspira a llegar a conseguir, aunque sea de forma fragmentaria, porque en una sola obra literaria, o en el conjunto de toda la creada por cada autor, no puede contener todas las incógnitas, las preguntas inherentes al género humano y las consiguientes respuestas a todas ellas.

Esta es una labor que sólo paso a paso y de forma continuada podrá responder el hombre y siempre de forma incompleta a través de una labor conjunta, a pesar de que la literatura y su ejercicio es un trabajo solitario, sumando obra a obra de todos los autores, como se juntan los granos de arena para formar un desierto en el que el conjunto final va dando sentido, valor y forma global a cada uno de esos granos que lo conforman y que por sí solo carecería de todo significado.

La literatura no es más que el ensayo que todo escritor hace ante el espejo de su propia imaginación para encontrar, al menos, una sola respuesta válida que le permita comprender un poco mejor al gran enigma que es el mundo complejo y caótico que lo rodea y en el que vive.